Si hoy te sentaras a conversar con tu versión de 10 años, ¿qué te preguntaría?
Si hoy te sentaras a conversar con tu versión de 10 años, ¿qué te preguntaría?
Miércoles 14 de octubre de 2026.
Entramos a la semana 42 del año 2026.
Quedan 11 semanas para terminar el año.
Creo que el Pedro de 10 años me haría dos preguntas:
- “¿Tu vida es chévere?”
- “¿Qué tan bueno eres jugando fútbol?”
La primera se la respondería con toda la tranquilidad: sí, 100%. Mi vida es muy chévere, aunque viene con bastante estrés y quiero encontrar la forma de que sea igual de chévere sin estresarme tanto.
La segunda me tocaría responderla con más humildad. Jajaja.
Tómense un momento para imaginar esa conversación. Ese niño está frente a ustedes, con una enorme curiosidad por saber en quién se convirtió y cómo es su vida.
¿Qué le emocionaría escuchar? ¿Qué le sorprendería? ¿Qué cosas le costaría entender que hubieran dejado de hacer?
Con los años aprendemos a medir nuestro progreso de muchas maneras: el cargo, el sueldo, los títulos, las cosas que podemos comprar. Son logros que pueden representar mucho esfuerzo y tienen su valor.
Pero ese niño probablemente tendría otras preguntas.
¿Todavía ves a tus amigos? ¿Sigues haciendo eso que tanto te gustaba? ¿Cómo se siente poder decidir qué hacer con tu día?
Su curiosidad puede ayudarnos a ver cosas que nuestras medidas de éxito dejan por fuera.
Quizás tenemos más libertad de la que alguna vez imaginamos, pero muy poco tiempo para disfrutarla. Quizás podemos pagar aquello que soñábamos, pero dejamos de hacer cosas que nos encantaban y que casi no cuestan nada.
Es fácil que pase. Llegan las responsabilidades, cambian las prioridades y empezamos a dejar ciertos planes para después.
Cuando termine este proyecto. Cuando tenga más tiempo. Cuando todo esté más tranquilo.
El problema es que siempre aparece algo más.
Una vida que nos guste necesita espacio en la agenda de hoy.
Espacio para los amigos, para aprender algo por pura curiosidad, para jugar un partido sin que sirva para nada más que pasarla bueno.
Vale la pena seguir construyendo un gran futuro y, de vez en cuando, detenernos a reconocer cuánto de lo que hoy tenemos habría emocionado a ese niño.
Esta semana les propongo un ejercicio sencillo: piensen qué les preguntaría su versión de 10 años y recuperen una cosa que a esa edad les encantaba.
Llamen a ese amigo. Saquen la bicicleta. Jueguen ese partido.
Que crecer también sea conservar algunas de las cosas por las que teníamos tantas ganas de ser grandes.
Un abrazo grande,
Pedro
Hola Pedro, agradezco tus escritos breves, pero significativos, se nota tu sensibilidad, te leo siempre, un abrazo
¡Qué buen mensaje y qué gran reflexión!
A veces pensamos que tenemos la vida asegurada y que cada día es obvio que llegará. Nos enfrascamos en lo urgente y dejamos de lado lo verdaderamente importante.
Gracias por compartir esta reflexión. La ropa es excelente y, sin duda, fortalece nuestra imagen, pero las palabras que compartes fortalecen algo mucho más importante: el corazón y la razón.
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