Wednesday Midweek by Armatura

Una vida imperfecta, pero tuya

Una vida imperfecta, pero tuya

Pedro Michelsen, CEO Armatura | 30 de septiembre de 2026

Miércoles 30 de septiembre de 2026.

Entramos a la semana 40 del año 2026.

Quedan 13 semanas para terminar el año.

Hoy quiero hablar de propósito.

Es un cliché gigante, pero, como muchos clichés, es completamente verdad: la vida cambia cuando uno encuentra su propósito.

El problema es que encontrarlo es muy difícil. Suena abstracto, casi como algo de cuentos de hadas. Sentarse a pensar "¿cuál es mi propósito?" puede ser tan intimidante que uno no sabe ni por dónde empezar. Además, a veces vivimos experiencias que nos cambian y también cambian lo que queremos hacer con nuestra vida.

Como les había contado, me estoy leyendo The 5 Types of Wealth, de Sahil Bloom, un libro que me está encantando. Hay una parte en la que Bloom trae una enseñanza del Bhagavad Gita, un antiguo texto de la tradición hindú, que me pareció muy poderosa.

La enseñanza gira alrededor de un concepto llamado dharma.

Es una palabra con varios significados, pero, para entender esta idea, podemos pensar en ella como aquello que nos corresponde hacer de acuerdo con nuestra naturaleza, nuestros valores y las responsabilidades que tenemos en la vida.

Va más allá de hacer lo que nos gusta. Es reconocer dónde podemos aportar y qué sentimos que merece nuestro compromiso.

Por eso, encontrar nuestro dharma exige conocernos: entender qué nos importa de verdad, qué capacidades tenemos y qué responsabilidades estamos dispuestos a asumir. Lo que le da sentido a la vida de otra persona no necesariamente le va a dar sentido a la nuestra.

Con eso en mente, esta frase me ENCANTÓ:

"Es mejor vivir tu propio dharma de manera imperfecta que vivir perfectamente el dharma de alguien más".

Sahil Bloom lo aterriza con ejemplos muy distintos:

Un hombre retirado, de más de 70 años, encontraba su propósito en cuidar y consentir a su esposa, después de todos los sacrificios que ella había hecho por su familia durante los últimos 50 años.

Un padre de cuatro hijos encontraba el suyo en proveer para ellos. Lo veía como un deber sagrado, y esa responsabilidad le daba un sentido más profundo a su trabajo.

Y un emprendedor encontraba su propósito en construir una empresa que algún día pudiera impactar a mil millones de personas.

Para uno era su esposa; para otro, sus hijos; para otro, su empresa. Ninguno necesitaba tener el propósito del otro para vivir una vida con sentido.

El propósito del emprendedor no es más importante que el del esposo o el del papá solo porque suena más grande.

A veces admiramos tanto el camino de otra persona que empezamos a medir el nuestro con su regla. Pensamos que nuestro propósito tiene que impresionar, cambiar el mundo o caber en una frase espectacular. Pero puede que lo más importante que hagamos en la vida sea algo que reciba muy pocos aplausos.

Eso es lo que me parece tan poderoso: nuestro propósito no tiene que sonar extraordinario ni ser importante para todo el mundo. Tiene que ser nuestro Importante para nosotros.

Esta semana los invito a sentarse un momento y preguntarse:

¿Qué personas, responsabilidades o sueños me importan tanto que quiero darles lo mejor de mí, incluso si lo hago imperfectamente?

Tal vez ahí haya una primera pista. Y tal vez encontrar propósito empiece por reconocer algo que ya está en nuestra vida y decidir comprometernos con ello.

Porque de poco sirve recorrer un camino a la perfección si nos lleva a una vida que nunca quisimos vivir.

Feliz semana para todos,
Con cariño,
Pedro.


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